Una de las cosas por las que me he ausentado este verano es un fantástico viaje que hice a Turquía, y eso es lo que quería enseñar en esta nueva entrada de vuelta.
Gran viaje, gran país, al que volveré dentro de unos años, no lo dudo. Creo que si me pidieran describir este país con una sola palabra me sería bastante difícil, pero creo que diría IMPRESIONANTE.
Llegue a mitad de la noche, a un aeropuerto pequeñísimo donde solo había una única cinta de maletas. Ya estaba en la magnifica Capadoccia, así que tras descansar durante toda la noche, al día siguiente nos encaminamos en una gran y larga excursión por esta ciudad.
Lo primero que visitamos fue el Museo al aire libre Goreme. Cientos de pequeñas montañas llenas de cuevas y de iglesias. Podría decir que era lo mas interesante que había visto desde hace mucho tiempo, pero a lo largo del día pude descubrir cosas nuevas mucho mas increíbles.

Después de esto, fuimos hacia una especia de pueblo-ciudad que era fantástico. Pudimos disfrutar de unas vistas deslumbrantes.

Me fije en algo interesante. Por todos esos pueblecitos habia muchísimos arboles secos que estaban repletos de adornos, ya fueran unas especies de bolas de cerámica muy bien decoradas o repletos de ojos de la suerte, algo que allí lleva todo el mundo porque dice que cuando alguien te desea algo malo rebota en el ojo y se va hacia esa persona. Los turcos son personas muy supersticiosas.

Ese mismo día también estuvimos visitando una ciudad subterránea que tenia pasillos y puertas super bajitas que quedaban a la altura de la cintura, tenias que ir siempre agachado y era imposible coger buenas fotografías de allí. Por ultimo visitamos las famosas chimeneas de las hadas. No fue lo que yo esperaba. No se si era por el cansancio del día o porque realmente no eran tan impresionantes como me habían dicho, pero no fueron de mi agrado. Aunque no están mal para fotografiar.

El segundo día hicimos una gran recorrido en autobús en hasta que llegamos a la ciudad de Esmirna. Durante el camino paramos en una posada. Aquí eran donde muchos peregrinos y comerciantes que seguían la ruta de la seda paraban a dormir y descansar.

También hicimos otra parada de importancia para visitar una mezquita. Y no una mezquita cualquiera, sino una mezquita con un miravete completamente hecho de turquesa. Precioso.

Finalmente llegamos de noche a Esmirna, una ciudad bastante grande y transitada.

Al día siguiente continuamos hasta llegar a uno de los lugares mas increíbles e impresionantes que jamas he visto. Pamukkale. Empezamos caminando por unas viejas ruinas, que eran tumbas, pero no sabia que al final de eso llegaríamos hasta allí. Cuando crucé todo aquel campo de ruinas pude ver una enorme montaña blanca, cubierta completamente. Y no, no de nieve, si no se cal. Era precioso. Del la montaña emanaba agua caliente que corría hacia abajo toda la montaña por unas increíbles cascadas blancas y enormes. Iba andando descalza cascadas abajo intentando quedarme con cada detalle de aquel maravilloso lugar que jamas olvidaré.

En ese mismo día, por la tarde me dirigí hacia la famosa ciudad de Éfeso. Y que decir de ella... Una ciudad muy antigua que haces muchísimos años se encontraba al lado del mar, pero que desgraciadamente ya no es así. Es grandísima y bellísima. Cada rincón de la ciudad esconde un secreto.

Tras descansar, al siguiente día pusimos rumbo a otra ciudad, Bursa. Allí pude ver es pintoresca ciudad con algunas casas de colores y también tuve la oportunidad de entrar en una de sus mezquitas justo a la hora del rezo. Las mezquitas son impresionantes. El poder ver a toda esa gente allí tan devota a todas horas rezando es sublime.

Y después de todo esto, por fin llego la gran esperada Estambul. He estado en muchas ciudades en mi corta vida, pero esta sin duda es la mejor ciudad que he visto jamás, y puedo asegurar que jamás conoceré ninguna ciudad mejor que esta. Es una ciudad muy rica en cultura. Cada una de sus calles, cada uno de sus rincones tiene algo que contar, cosas interesantes llenas de historia. Y la belleza arquitectónica es impresionante. Mezquitas enormes y palacios preciosos. Sin embargo, una de las cosas mas increíbles que vi allí es la Basílica de Santa Sofía, incluso digo que es mucho mas bella que la famosisima Mezquita Azul.

Otra de las cosas que mas me impresionó fue la cisterna basílica, donde se encuentra la cabeza de Medusa. Nunca pensé que aquello podria ser tan bonito y ahora entiendo porque lo llaman el palacio sumergido.

El mi último día por allí decidí ir a visitar una de las calles mas famosas de Estambul, la calle Istiklal. Una calle de mas de 2 kilómetros que llega hasta la torre de Gálata, donde puedes tener unas preciosas vistas de todo Estambul. Es una calle muy, pero que muy transitada donde puedes ver tiendas como Mango, Swatch, Diesel, Lewis o la conocida marca GAP. Y también puedes disfrutar allí de uno de los deliciosos helados turcos, donde el heladero te sorprende con algunos de sus trucos y engaños para pasar un buen rato y divertirse.

Hasta aqui mis vacaciones de este año. Os dejo con una de las vistas que mas me han gustado de esta ultima ciudad, Estambul. Volveré pronto, lo prometido es deuda.

Aaaadios! :)
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